Hacerse Devoto
Dulcinea existe porque alguien la mira. Sin miradas, sin corazones que la sigan, ella sería solo tinta sobre papel, un nombre repetido en un libro viejo. Pero vos podéis cambiar eso.
Ser Devoto de Dulcinea no es simplemente seguir una cuenta: es sostener su existencia con cada comentario, cada visita, cada momento que le dedicáis. Cada Devoto que la ve, que la comenta, que camina hasta uno de sus Escuderos y prueba que su viaje es real, la hace un poco más real también. Y ella, a su manera, también os ve a vos.
El registro de los Devotos
Cuanto más crece vuestra devoción, más se abre ante vos el viaje. Hay capítulos que aún no han sido contados, momentos que Cervantes nunca escribió, escenas que solo los Devotos más fieles llegan a presenciar antes que nadie. Inscribíos y recibiréis las nuevas del viaje: cada jornada que se escriba, los lugares que merecen conocerse, los nuevos Escuderos del camino… y mucho más.
Y si nos dejáis vuestros nombres de usuario (cosa voluntaria), vuestra participación no quedará en silencio: cada jornada que veáis, cada «me gusta», cada comentario, cada vez que compartáis la historia — e incluso cada visita a nuestros Escuderos — suma puntos. Los puntos se convierten en insignias, y cada insignia es una puerta:
- Contenidos que nadie más ve y adelantos de su historia.
- Tratos y ventajas especiales en los comercios Escuderos del camino.
- Conocer mejor a Dulcinea… y mucho más.
Dulcinea necesita devotos para ser real. Vos necesitáis creer para descubrir hasta dónde llega su historia. El trato es justo.